Preparar una clase

El New York Times del otro día publicaba en su sección de educación un artículo que me llamó poderosamente la atención: At 71, Physics Professor Is a Web Star. Cuenta la historia de Walter H. G. Lewin, un profesor de física en el MIT. Parece ser que hace muchos años que Lewin es un profesor muy querido en la institución de la costa este americana, conocido por su inmensa dedicación a la docencia. Desde que hace unos años el MIT lanzara su ya celebérrima iniciativa OpenCourseWare para publicar en la red, y sin ningún tipo de barrera de acceso, algunos de sus materiales didácticos, la fama de Lewin se ha ido extendiendo primero más allá de los muros del instituto, y ahora lo bastante como para que el diario estadounidense le dedique un artículo. Encontrarán algunas de las clases que le han llevado a la fama buscando en el repositorio.

Hacia la mitad del artículo leo que el profesor dedica hasta 25 horas a la preparación de cada una de sus clases. Si no se le ha cortado al lector la respiración ahí es que no conoce el sistema universitario. Un sistema universitario en que la mayoría de docentes debe impartir al menos tres horas de clase a la semana (bastantes más, si no es muy, pero que muy afortunado). Esto es, 75 horas de preparación, más tres horas de darlas y unas cuantas horas de despacho para atender dudas de los estudiantes, salen dos semanas laborables cada siete días. Si tenemos en cuenta que a ese profesor se le recompensa habitualmente por su labor investigadora, y no por la calidad de su docencia…

Se me ocurren, a bote pronto, un par de reflexiones:

  • La primera, sobre esas 25 horas. Es obvio que solo personajes excepcionales tienen el talento y las horas necesarias como para tamaño derroche de tiempo y facultades. Más si deben prepararse unas cuarenta sesiones por semestre académico. Sin embargo, en un mundo de recursos educativos abiertos, yo podré dedicar esas 25 horas a una sesión… porque para otras podré aprovechar el esfuerzo ajeno. Ahora mismo una utopía. Pero soñar es barato.
  • La segunda, sobre el sistema universitario español (que es en el que vivo y el que conozco un poco), que, como decía, considera al profesor primero investigador y luego docente (docente a la fuerza, además). Estamos hablando de ese mismo sistema universitario que no sabe cómo atraer suficientes estudiantes para financiarse. ¿No se le habrá ocurrido a nadie que los grandes docentes, aunque no sean investigadores punteros, son un patrimonio esencial? De la misma forma, es posible que obligar a dar clase a muchos grandes investigadores que ni nacieron para la docencia ni están formados para ello sea “ligeramente” contraproducente, tanto para esos investigadores que podrían (y deberían) dedicar su tiempo a otros menesteres como para los pobres estudiantes que les sufren cada semana del curso académico.

Me consta que muchos elementos del sistema han reflexionado, y mucho, sobre ambos aspectos. Tanto el de la importancia de los grandes docentes en la universidad como la importancia —mucho más allá del esfuerzo altruista— de los recursos educativos en abierto. Ahora sólo falta que esas reflexiones lleguen a las cabezas “mandantes” y se desencadenen cambios que, en mi opinión, son tan inevitables como necesarios. No perdamos la esperanza.

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5 comentarios en “Preparar una clase

  1. A un servidor le gusta preparar clases, tener materiales curriculares propios, publicar documentos en internet para que los alumnos tengan acceso constante… me doy cuenta del tiempo que se pierde en este santo país en burocracia, papeleo y trabajo que en nada tiene que ver con la labor educativa.

  2. Me gustaria saber los pasos metodologicos para preparar una clase de conferencia, y especificamente en la disciplina de fisica para estudiantes de universitarios de agronomia

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