Ciencia en abierto e industria

Sobre el tema del acceso abierto al conocimiento, sobre el papel, todos estamos de acuerdo: cuanto más facilitemos el acceso al conocimiento más rápido avanzaremos en la solución de los problemas que nos acucian.

Pero, desafortunadamente, cuando hay dinero de por medio todo suele complicarse. Así, por ejemplo, no es difícil encontrar ejemplos de cómo la industria farmacéutica defiende su negocio aún a costa, a veces, de la salud de algunos.

No son las farmacéuticas las únicas que se lucran a base de provocar una escasez artificial de conocimiento: las editoriales de revistas científicas se consideran (con razón) víctimas del movimiento open access. Hace años que venden suscripciones a precios considerables (en algunos casos, exorbitantes, de hecho) y cada vez que alguien decide publicar, por ejemplo, sus últimos hallazgos en el arXiv, el editor de alguna revista se está quedando sin un contenido potencialmente interesante para incluir en su próxima edición.

Como es de esperar, los editores luchan con uñas y dientes por defender su modelo de negocio. Si encima algún gobierno decide que la investigación realizada con cargo a fondos públicos debe publicarse en abierto (y afortunadamente cada vez más instituciones públicas lo hacen) el negocio editorial se ve entre la espada y la pared. Y en situación de desesperación usamos todos los recursos a nuestro alcance, olvidando a veces el respeto a la verdad. El último caso lo cuentan en Ars Technica: algunas editoriales han formado un lobby que defiende que el modelo del acceso abierto pervierte las más básicas normas del proceso de peer-reviewing.

Si bien es cierto que muchas de las cosas que se publican en internet no son fiables, no deberíamos confundir (y menos si hay intereses ocultos no declarados de por medio) términos: ni publicación en internet equivale necesariamente a baja calidad (véase el ejemplo de Perelman, con una medalla Fields por publicaciones en arXiv) ni publicación en cualquier revista equivale en todos los casos a gran calidad, desafortunadamente… Y es que el problema de la reputación y la fiabilidad puede magnificarse con la red (que lo amplifica casi todo, para bien o para mal), pero no lo ha creado internet…

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