¿Entendemos la dichosa web 2.0?

A veces las buenas intenciones no bastan. A veces, las mejores intenciones no bastan. El mundo se mueve a toda velocidad y, a pesar de que hacemos todo lo que podemos por observar, analizar, comprender y adaptarnos a la nueva realidad, no siempre lo logramos. El mundo cambia continuamente. El mundo digital, más. Y a veces uno duda de si ha entendido el último invento (llámese MySpace, Second Life, Twitter o el invento de pasado mañana) o bien ha hecho su muy particular lectura y ha encontrado una herramienta que usará para una finalidad que, en el mejor de los casos, no era la que pretendían sus creadores y, en el peor, pervierte el objetivo inicial.

 

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La Biblioteca del Congreso en Secound Life, por Pathfinder Linden en Flickr bajo CC. 

No puedo evitar pensar en ello cuando leo este artículo del último número de D-Lib Magazine. El texto narra el esfuerzo del departamento de Bibliotecas de la University of Washington para popularizar su catálogo de recursos abiertos. ¿El método seguido? Analizar ese catálogo, buscar entradas de la Wikipedia relacionadas y editarlas para incluir enlaces relevantes y respetuosos. Y en algunos casos se han llegado a crear
entradas completas para insertar el enlace.

¿Nobilísima intención? Desde luego. ¿Creación de valor añadido? Sin duda. Y, sin embargo, después de pensarlo un rato, ¿no le queda al lector la impresión que eso se parece mucho al spam? Insistiendo, de nuevo, en que la intención es encomiable… un comportamiento así, ¿debería tolerarse? ¿Fomentarse? ¿Ni lo uno ni lo otro? Francamente, no lo sé. Y es que siempre se corre el riesgo de que el que realmente no lo esté entendiendo sea uno mismo.

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