Las TIC y el tercer sector social

El pasado fin de semana tuvo lugar en L’Hospitalet de Llobregat el primer congreso del Tercer Sector Social de Cataluña, que pretendía ser un punto de debate para avanzar el trabajo para la inclusión de los colectivos más desfavorecidos en el mundo de la tecnología.

Una de las mesas de debate que allí tuvieron lugar giraba en torno al uso de las TIC. Jaume Albaigès, que estuvo encargado de la moderación de dicha mesa, publica hoy en su weblog las principales conclusiones de lo que allí se debatió. Merece la pena echar un vistazo a lo que comenta:

  1. Es necesario que como sector nos preguntemos sin complejos “por qué no aprovechamos lo suficiente los recursos y las herramientas TIC que han demostrado su valor en otros ámbitos y que nos permitirían ser más eficaces en el cumplimiento de nuestros objetivos y más eficientes en la manera de trabajar” (algún ponente todavía detectaba demasiadas entidades que consideran las TIC ajenas a su tarea).
  2. Respondiendo la pregunta anterior, se constata que la famosa brecha digital no afecta sólo a determinados individuos o colectivos, sino también a organizaciones. Por lo tanto, haría falta que, para empezar, las organizaciones que no han hecho el salto lo hagan.
  3. Todo el mundo coincide que para hacer el salto e, incluso hecho el salto, para aprovechar al máximo las posibilidades de las TIC hace falta invertir (y mucho) en formación. Yo todavía voy un poco más allá y creo que es necesario un cambio cultural a fin de no convertirnos en un catálogo con patas de cursos hechos, sino que incorporemos la sensibilidad TIC como cualquier otro hábito vital.
  4. Para que este cambio cultural sea posible y que las TIC hagan el salto hace falta que quienes somos profesionales o expertos de las TIC y estamos en el sector social o cerca de él asumamos la responsabilidad de ser los catalizadores del proceso.

Me parece particularmente interesante, a la hora de hablar de la tan famosa brecha digital, el hecho puesto sobre la mesa de que no afecta sólo a individuos o colectivos de individuos, sino que podemos extrapolar la desigualada al mundo del asociacionismo, incluso diría que al empresarial y administrativo. Está claro que, trayendo el asunto al mundo de la educación, mientras unas instituciones educativas tienen por norma inamovible el uso de tecnologías de la información y comunicación como parte indispensable de sus estrategias educacionales, otras obvian el uso de éstas en pos de un sistema mucho más tradicional. La cuestión es, ¿cuál es la postura más adecuada? Evidentemente, mi posición está alineada con el primer caso, pero es un signo de madurez dejar una puerta abierta a la posible equivocación. Me gustaría, por tanto, proponer un debate abierto para aclarar la cuestión.

Actualización:

Ismael Peña López me pasa una entrevista con Artur Serra, adjunto de dirección del I2Cat, en La Vanguardia. El titular habla por si sólo: El Power Point está pedagógicamente muerto: tenemos que enseñar con contenidos audiovisuales.

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