Profesores en el espacio

Antes de nada, he de reconocer que el tema de hoy sólo entra dentro de la temática de este blog de forma tangencial, quizá anecdótica, pero en cambio es apasionante. Cuentan los chicos de Microsiervos que uno de los tripulantes del accidentado tansbordador espacial Challenger, que tuvo un dramático fin el 28 de enero de 1986, Christa McAuliffe, no era exactamente una astronauta, como figura en los registros, sino que se había presentado voluntaria para ser el primer profesor en el espacio.

La NASA le había seleccionado con la finalidad de llevar a cabo un programa para despertar el interés de los estudiantes por la ciencia, las matemáticas y la exploración. Aquella idea quedo eclipsada por el tremendo accidente que sufrió el transbordador, y la iniciativa quedó por tanto en un segundo plano.

Así fue hasta que Barbara Morgan, la profesora que también había recibido entrenamiento espacial para sustituir a McAuliffe si ésta se hubiera echado atrás en el último momento, comenzó de nuevo a reivindicar los objetivos de aquel programa educativo. Morgan lleva preparándose desde 1998, y por fin ha sido seleccionada para ser, si la catástrofe no lo vuelve a arruinar, la primera profesora espacial. Su ilusión se llevará a cabo en el trabsbordador Endeavour, que curiosamente fue construído para suplir la ausencia del Challenger.

Morgan llevará a cabo las tareas propias de un astronauta, pero también se encargará de realizar contactos con profesores y estudiantes en tierra, en una misión que recupera el espíritu emprendedor de la astronauta fallecida en 1986.

Como les decía, el asunto no entra directamente en la temática de este blog, pero en cambio reconocerán ustedes que es apasionante. Porque, ¿quién no ha soñado alguna vez con tal cosa? Esto si que es Innovación tecnológica y educación 😛

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Una respuesta a “Profesores en el espacio”

  1. En las últimas décadas la sociedad norteamericana ha venido debatiendo sobre la apatía que los jóvenes, vienen demostrando hacia el estudio y desarrollo de las ciencias, especialmente la matemática y la física. Esta apatía ha crecido proporcionalmente al acceso que los más jóvenes tienen a los aparatos de alta tecnología – teléfonos móviles, i-pod, microordenadores, cónsolas de videojuegos, etc.- lo cual parece generar la sensación de que

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